El conocimiento: sus discursos y narrativas

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“Adiós revolución si tiene que esperar el visto bueno de los `sabios`” Oscar Varsavsky Ciencia, política y cientificismo

Se retoma en este capítulo la premisa inicialmente expuesta acerca del conocimiento y su comprensión y aplicación al hecho productivo, como un condicionante del desarrollo endógeno. En este sentido, se intenta mostrar en este capítulo que en un mismo contexto socioproductivo, subsisten varias narrativas sobre el conocimiento, y varias aproximaciones a los modos en los cuales puede contribuir al quehacer del sector

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Algunas secciones de este capítulo han sido extraídas del documento presentado en la 1era Conferencia Centro Internacional Miranda: Las Ciencias Sociales y los Procesos de Cambio en el Siglo XXI: Economías nacionales, procesos de integración y crisis del capitalismo en el siglo XXI. Caracas Julio 2016: Economía Social del Conocimiento: modelos emergentes de producción colectiva de bienes y servicios.

, y que esto opera como un obstáculo importante en la configuración del desarrollo endógeno.

Sobre el acceso al conocimiento libre, que es una de las narrativas que se observan en algunos sectores productivos del país y en entornos políticos de suramérica, se plantea cómo éste opera como espacio de potenciador de nuevas formas económicas y de producción y los modos en que, incluso, potencia el trabajo en colectivo y asociativo.
Finalmente, se establece que el acceso abierto al conocimiento es una de las pocas narrativas en torno al conocimiento que permite su anclaje a procesos productivos vinculados a las ideas de desarrollo endógeno que, para el caso del turismo, están expuestas en el capítulo anterior.

Del Conocimiento. De lo simple y de lo complejo.

Me gustaría contar una historia que creo es una explicación probable al modo en el cual el conocimiento fue complejizado, compartimentado y enajenado progresivamente de su original propietario: el ser humano. La relataré, sabiendo que faltan infinidad de detalles, incluidas referencias, pero me conformo en confiar en el lector y su confianza en mi relato y en advertirle que no está acabada la historia y no es objetiva, al menos no del modo como suele reclamársele que sean los escritos a quienes hablan de ciencia

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Este relato forma parte del seminario de Teorías de la Complejidad cursado en el Programa de Estudios Abiertos.

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Cuentan que desde que el ser humano comenzó a organizarse emergió el control como problema para el logro de la articulación de grupos en torno a fines específicos.
Mientras las tareas fueron sencillas y los grupos pequeños, dicen, el tema del control podía solucionarse dirimiendo disputas por uso de la fuerza entre pares. Por su parte, estrategias como la negociación, el debate y la generación de consensos, fueron utilizadas por grupos humanos mucho tiempo después, es decir, en la medida en que esos grupos se diversificaban en número, composición, dispersión geográfica, expectativas y aspiraciones. En ese contexto, el control y su ejercicio debieron diversificarse también de modo sustancial, provocando la emergencia de dos grupos claramente diferenciados: dominantes y subyugados.
Dicen que religión y ciencia, llegaron después, aunque aquello que en un principio se había logrado imponer como creencia por la vía de la fuerza física, acabó por convertirse en ley por esas mismas vías o por otras, tiempo después. No había religión ni ciencia, pero cuentan que cuando llegaron, se inició el período oscuro de la comprensión del hombre signado por profundas desigualdades entre los individuos: de un lado un hombre como amo todopoderoso de todas las razones terrenas y súbdito directo de los designios de un ser supremo, cuyo dominio se sustentaba en el miedo y desconocimiento de sus pares, y cuyas palabras sólo eran comprendidas por pocos elegidos e iluminados; y del otro los simples seres humanos y cotidianamente subyugados mental y físicamente.
Según, durante centurias, la religión, fundamentalmente la católica, la ciencia y la política actuaron reforzándose mutuamente, ocultando información de modo progresivo y casi coordinado, así como también criminalizando aquellos modos de ver de la vida que le eran adversos al orden establecido. Para lograrlo, no tuvieron que ingeniárselas mucho, tan sólo acometieron dos tareas muy sencillas: sobre simplificaron los razonamientos básicos sobre el por qué y cómo de las cosas, y dejaron una comprensión mayor y más profunda de cada una de ellas al denominado “conocimiento científico”, nuevamente propiedad de unos pocos elegidos, y al “devenir de la vida del creador”, que constituye uno de los determinantes más claros de la supremacía de la religión y del sector social que representa y al cual sustenta.
Esta mirada, que en mi historia alguien denominó tradicional (ista) dicen que se orquesta en torno a cosas simples y peligrosas: un conocimiento diseccionado, estudios parcelizados, deslegitimización y desmérito hacia intentos claros de comprender procesos sociales de modo holístico, y ensalzamiento de la búsqueda y alcance de conocimiento y hallazgos profundos sobre una mínima cosa perteneciente a un micro campo del conocimiento (…)
De modo que, a bote pronto, la ciencia y su mirada tradicional (ista) sobre los hechos humanos constituyeron el intento más logrado de alejar al ser humano de las explicaciones más necesarias y básicas para comprender su papel en el mundo y ser, en consecuencia, humano.
La ciencia tradicional (ista) nos ha, siguiendo esta historia, des-humanizado de modo radical, es decir, desde la raíz. Así como ese árbol al cual esa misma ciencia tradicional (ista) ha conseguido amputar semillas a sus frutos para facilitar su consumo por el hombre y, con ello ha logrado esterilizarlo de por vida; de esa misma manera, el ser humano ha visto sustraída de sí, ciencia mediante, su esencia de ser humano y la posibilidad de transmitirla a sus pares.
Me cuentan que hay evidencia de modo en que la ciencia que conocemos como clásica ha llegado a bañar los paradigmas educativos que defienden algunos docentes y también ha enseñado a muchos que el que sabe, sabe, que educación y conocimiento son cosas que debemos adquirir (como un empaque de cereales, por ejemplo), y que la única forma de hacerlo es ir a un espacio físico, sentarse y escuchar a alguien lo suficientemente gentil y virtuoso (a) como para compartir con nosotros aquello que sabe.
… la historia sigue …
Esa comprensión del mundo, nos ha hipertrofiado desde la enseñanza tradicional e institucional básica, cualquier pretensión y anhelo de búsqueda por construir preguntas y avanzar en la exploración de sus respuestas, sean o no ya conocidas. La escuela, después de la familia y con su aval, pareciera reforzar en la mayoría de los casos esa aproximación segmentada y parcelizada a la vida y a la realidad circundante.
Cualquiera de nosotros (as) podría describir, por ejemplo, con cuanta frecuencia ha visto o escenificado disputas con hijos, hijas o cercanos, sobre si un procedimiento matemático se hace y de cuál modo. En varias ocasiones hemos escuchado quejas sobre el modo arbitrario de corregir operaciones matemáticas o textos durante la escolaridad con base en el modo en que son hechas, y cuentan que es ése y no otro el modo correcto de hacer as cosas.
Esta configuración de la religión, católica mayormente, y la ciencia como aliadas inseparables ha obstaculizado y boicoteado todo intento por buscar preguntas y construir posibles explicaciones a éstas. Eso que las personas comenzaron a llamar “sistema” para referirse a un conjunto de normas, pautas e instituciones públicas y privadas para mantenerlas, ha venido configurando una comprensión y aceptación de la complicidad entre esa ciencia cercenadora de conocimiento y esas normas de conducta, y a construir con ello un atentado directo hacia su subsistencia y la de la sociedad y orden social que acaba sustentando.
De esta suerte, pocas cosas parecen más antinatural que una comprensión alinderada, segmentada y parcial de la realidad que nos ocupa como sociedad y nada más cercano a una herramienta útil para ejercer el peor control de todos contra el ser humano: el de la voluntad de ser humano por encima de valores utilitaristas.
Y pocas cosas más liberadoras que una aceptación sobre la condición absolutamente genuina de aproximarnos, como seres humanos, a un conocimiento complejo, diverso, reconocedor de subjetividades y con aspiraciones de explicar cuanto se filtra de lo que ocurre hasta el ser humano que lo mira en función, precisamente de esas condiciones absolutamente humanas. Nada más esclavizante, entonces, que la defensa de un conocimiento científico tradicional (ista) y nada más liberador del propio conocimiento que el reconocimiento de su complejidad.

De las conversaciones profesionalmente estructuradas, o de los modos de creación, transmisión y remezcla del conocimiento.

Cuando recuerdo mis años de estudiante universitaria de pregrado en Ciencias Políticas, no puedo evitar recordarque salten a la memoria recuerdos de las sesiones de clase con la Profesora Raquel Morador, una uruguaya de presencia y decisión exquisitas de quien tuve la fortuna de beber las nociones básicas de la ciencia política cuando yo apenas tenía 16 años. Lo que recuerdo de sus clases es su evidente compromiso en hacernos entender esos primeros conceptos de la política en nuestro lenguaje cotidiano. Cuando mi madre se lamentaba con bastante antelación de lo que la universidad podría hacernos a mi hermano y a mi cuando comenzáramos a “hablar distinto”, como “los que estudian”, se alojó en alguna parte de quien luego resulté ser, la necesidad de buscar en el lenguaje y las evidencias cotidianas sobre los efectos de su articulación, espacios para explicar buena parte de las dudas que me asaltaban.
Tal parece que el lenguaje y su articulación sobre aquello que nombre en su saltar de persona en persona es algo cuya observación me viene entreteniendo desde hace algún tiempo. Dice Maturana que el lenguaje se configura de forma biológica no porque ocurre dentro de un cuerpo o varios, sino porque se dibuja por significados atribuidos entre varios (y varias) durante encuentros corporales recurrentes concediéndole entonces una condición biológica. De un modo similar, los sistemas que interactúan sobre el territorio en la configuración de las opciones de desarrollo, tal como vimos que los describe Boisier, perfilan su interacción sobre una suerte de diálogo entre sus actores, habilitado por la suerte de encuentros, y desencuentros entre éstos. Aquí resulta interesante poder ilustrar la potencia de la idea sobre las conversaciones sociales que ocurren entre los distintos sistemas, en especial porque resulta necesario comprender que esa interacción no ocurre ni en una única dimensión, ni en un único momento ni, mucho menos, sobre un único tema. Pero también porque, como hemos visto antes, la configuración de procesos de aprendizaje son una de las claves para superar algunos obstáculos presentes en la configuración local de opciones de desarrollo endógeno.
Como ya dijimos antes, las dinámicas de interacción entre los distintos actores involucrados en el desarrollo endógeno, devienen en la conformación de una suerte de sinergia cognitiva (intercambio de saberes) entre ellos, y posibilita la convergencia desde distintas habilidades y destrezas en la solución de un problema o la atención de una potencialidad local articulando para ello a cada elemento de ese ecosistema antes descrito.
En otro escrito anterior, nos dice [boisier_sergio_teorias_1998]
La clave del desarrollo(…)radica en la sinergia que puede generarse mediante la articulación densa e inteligente de los factores causales. Esto a su vez presupone un complejo y permanente proceso de coordinación de decisiones que pueden ser tomadas por una multiplicidad de agentes o actores cada uno de los cuales dispone de un amplio abanico de opciones decisionales que deben ser transformadas en una matriz decisional dirigida al desarrollo.
Pero [maturana_realidad:_1996] atribuye al lenguaje una razón biológica y lo describe inmerso en lo que llama un sistema de coordinaciones conductuales consensuales. El lenguaje es un proceso cuya razón biológica no ocurre porque sea inherente al ser vivo

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De hecho, Maturana habla en un modo amoroso del lenguaje describiéndolo como una danza casi sin fin de intenciones, significados atribuidos a gestos, sonidos y conductas, entre otros en la cual producto de las interacciones, se lenguajea.

, sino porque ese espacio de coordinaciones conductuales consensuales (acuerdos que determinan conductas), tiene lugar en “encuentros corporales recurrentes”. La asignación de significados refiere a coordinaciones conductuales consensuales (las palabras, por ejemplo), el entender esas coordinaciones conductuales consensuales, es el lenguajear de Maturana que, como bien describe, resulta en un entramado complejo de dimensiones cada una obedeciendo a las dinámicas de interacciones propias del quehacer de cada actor. Por ello, y por su condición biológica, el lenguaje y su operacionalización en el lenguajear, obedecen al ámbito de lo racional. La conversación, en cambio, como devenir de las infinitas interacciones en las que ocurren esos encuentros corporales, y las dimensiones experienciales que confluyen en éstos, es parte del emocionar. El lenguaje es razón que habilita, gracias al universo de coordinaciones conductuales consensuales que devienen en lenguajear, la emoción que ocurre a través de las conversaciones.

La sinergia cognitiva, en buena medida está motivada por lo que Boisier llama conversaciones profesionalmente estructuradas (conversaciones sociales) y ahora podemos entenderla también como parte de un lenguajear que bien puede ser propio a cada dimensión. La sinergia es el resultado de un proceso de conjunción y acción biunívoca entre los actores sociales de un ámbito determinado, en el marco de crear y realizar una construcción que les es común. Para Boisier, las conversaciones sociales activan la generación de una sinergía de tipo cognitivo, gracias a la construcción y socialización de significados en torno al proceso de desarrollo en sí mismo, es decir, por la vía de la articulación de las coordinaciones conductuales consensuales.
Estas conversaciones ocurren en ese universo que describe Maturana, donde actores, instituciones, acciones, tareas y voluntades confluyen cada cual con referentes de coordinaciones conductuales consensuales particulares pero conectadas. Estos actores del desarrollo, necesariamente interactúan y se relacionan en el proceso de su accionar económico y su articulación relacional requiere, a su vez, de esas coordinaciones conductuales consensuales, como suerte de normas de juego, pautas que se articulen en un sistema resultantes de pesos y contrapesos que llamaremos proceso de autogobierno del lenguajear.
Resulta lógico pensar que de razón y emoción en el ámbito conversacional se deriva un rizoma de aprendizajes, que son observables por los diversos tipos de conocimiento generados. Sin embargo, y simplificando, diremos que básicamente hay cuatro tipos de conocimiento que se observan en toda sinergia cognitiva. Se observa conocimiento organizacional, pues la organización social requiere de la generación y apropiación de información y prácticas sociales acordes con la construcción que socialmente se acomete. En segundo lugar, se observa conocimiento institucional, pues los vínculos entre ciudadanos e instituciones no sólo se practican sino también, se generan, dinamizan y fortalecen. En tercer lugar, se genera conocimiento social, pues los diversos actores que hacen vida en la comunidad, como se verá más adelante, gracias a estas conversaciones y a su compromiso con la construcción del entorno (lo público), generan nuevas formas de operar y conocerse en tanto que ciudadanos. Y, finalmente, se genera también conocimiento técnico, que es aquél que tiene una relación directa con la ejecución misma de un proyecto orientado a fortalecer el aparato productivo local. Más adelante retomaré esta idea al examinar el caso del turismo regional.
En este entorno, el ciudadano opera como detonante del proceso de reconstitución al formar parte activa de las conversaciones sociales y de actor fundamental del proceso de creación de sinergias cognitivas. Así, ser ciudadano deja de ser una entelequia, para convertirse en un operador y agente transformador de las instituciones que hacen vida en su espacio local, en un contexto en el que lo público se construye, al tiempo que los ciudadanos y las instituciones que lo hacen posible, son construidos. Esto sólo es posible en un marco de aprendizaje mutuo, entre instituciones y ciudadanos.
Me he encontrado varias veces con grupos de personas que preguntándose sobre un interés común, ayudan a otros y otras en la construcción de sus propias preguntas. Seguramente a ojos de alguien más riguroso que yo en términos de la ciencia biológica, por ejemplo, podría relacionarse esa mirada que identifico en el aprendizaje con otros, como una condición biológica en mi para verlo así. Aprender en compañía de otros y otras, quienes no sólo acompañan ese aprender, sino que también comparten sus preguntas que complementan las mías, desde su mirada que me mira, es apenas una de las bondades de las comunidades de aprendizaje. Pero también la remezcla de un conocimiento que, siendo de todas y todos, ayuda a la comprensión del contexto desde el cual se dibuja y, al mismo tiempo, se transforma en un elemento importante y distinguido dentro del paisaje de aspectos necesarios para la supervivencia misma del proceso de aprendizaje.
Por ejemplo, en las ocasiones en las que el activismo por las tecnologías y el conocimiento libre me ha llevado a trabajo en mesas o equipos junto con otras personas del país, debo confesar, que me ha sido dada la oportunidad de acompañar la traducción al papel de sueños de normativas

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Como la aprobada Ley de Infogobierno y toda su gestación desde el 2004 al 2013, la Ley de Acceso Abierto y Difusión Libre del Conocimiento, aprobada en segunda discusión y pendiente de revisión y promulgación. Hijo de este último esfuerzo es el colectivo y el blog http://comunalizarconocimiento.wordpress.com y un reciente seminario abierto sobre Capitalismo Cognitivo dictado en conjunto con Marx Gómez en CENDITEL en noviembre del 2016.

organizaciones como el Comité de Tecnologías de Información Libres y la Industria de Tecnologías Libres

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Trabajo realizado en conjunto con el Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria Ciencia y Tecnología en conjunto con representantes de varios colectivos de activistas del país durante el año 2011 y 2012.

, o proyectos de desarrollo y uso de tecnologías libres

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Como una plataforma de formación para activistas mujeres del colectivo Activistas por el Software Libre http://activistasxsl.org.ve, o la propuesta de Yenchi como plataforma para seguimiento de casos de violencia de género, también presentada por ese colectivo.

. Y en ese acompañamiento, creo, me ha guiado la búsqueda por respuestas desde las cuales aprender tiene sentido sólo porque se realiza desde y hacia un propósito común, pero configurado desde lo cotidiano de ese quehacer que nos ha reunido.

Sin duda, la construcción de este propósito o código común, también es un proceso dialéctico, no exento de contradicciones y que se genera y regenera de forma permanente y gracias al diálogo. En este diálogo, es en donde Boisier cifra el elemento más importante y clave de todo el proceso de desarrollo, pues junto con la construcción de nuevos significados, surgen nuevos compromisos, entre ciudadanos e instituciones, entre activistas y sus propuestas, o entre aprendices y sus comunidades, en el marco de la constitución del nuevo escenario deseado. Yo creo que ese planteamiento es vital, puesto que nos dibuja a ciudadanos e instituciones inmersas en un continuo proceso de aprendizaje en el que aprenden, aprendiendo a aprenderse.
El resultado de este proceso dialéctico es, entre otras cosas, aquello que [clarac_jackeline_posibilidad_2004] denomina código moral colectivo, que posibilita que los individuos asuman una estructura común de objetivos sociales, con funciones derechos, deberes y normas comunes, es, en última instancia, la construcción del bien público, en su tránsito de individuos a ciudadanos. Sin duda, la construcción de este código común, también es un proceso dialéctico, que se genera y regenera de forma permanente.
Para que este código común imbrique a las prácticas y estructuras sociales y a las instituciones, debemos operar sobre éstas como espacios dinámicos de aprendizaje y de construcción de conocimiento colectivo y para el colectivo.
En las experiencias que he venido mostrando hasta aquí, que son previas a mi pertenencia formal a la comunidad de aprendizaje del CUHELAV, sin embargo, identifico algunos aspectos que le son comunes con las comunidades de aprendizaje: (1) reconocimiento de un saber hacer y saber actuar inherente al quehacer del activismo pro conocimiento libre, en los casos nombrados, (2) identificación de un espacio ontológico común que nos identifica como conocedores y aprendices comunes, (3) un contexto axiológico común que opera que fundamento que posibilita la comunión pese a diferencias y particularidades y (4) una heurística propia del quehacer de las tecnologías libres que nos ayuda a operar de un modo distinto a las construcciones académicas formales, y que nos ha hecho en esos equipos de trabajo, casi unos actores y unas actrices promiscuos

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La primera vez que leí este término fuera del contexto referido a la conducta sexual de los individuos, fue cuando Diana Ovalles (@dianova y La Danta Las Canta), una compañera feminista activista de las tecnologías libres, me invitó a participar, hace unos nueve o diez años, en una entrevista colectiva para un artículo. Junto con otras activistas respondí a la pregunta por el software libre, el activismo, mi uso de la tecnología y mi búsqueda casi desprejuiciada en aras de encontrar soluciones técnicas a problemas sencillos. En su documento final, Diana se refirió a mi como alguien que hacía un uso promiscuo de la tecnología. Recuerdo que mi indignación fue muy marcada hacia ella por algo que entendí era injusto. Pacientemente Diana dejó pasar mi queja y sólo el tiempo me ha permitido entender que mi disgusto revelaba una marcada predisposición hacia esa palabra por lo que décadas de condicionamiento social habían marcado en mi como su significado. Hoy día me siento algo más cómoda utilizando el término para referirme a un comportamiento en el cual el conocimiento se comparte de modo vivo, permanente, prácticamente sin limitaciones y sin selección previa del destinatario del intercambio.

de la divulgación entre pares.

Pero hay más elementos. Tal como he experimentado, en las comunidades de aprendizaje, la divulgación no se hace con un propósito que finaliza en la socialización que implica el proceso. La divulgación tiene un carácter dialógico y permite no sólo la socialización de experiencias, saberes, sistematizaciones de rutas de vida, sino que también permite que, como proceso, se enmarque en la más genuina, única y peculiar forma de creación intelectual. Confieso que la expresión “creación intelectual” no es de mis favoritas para referirse al conocimiento que externalizado, sistematizado, internalizado y socializado, circula en las comunidades de aprendizaje, pues aunque evidentemente los saberes y conocimientos se articulan sobre la acción del intelecto, no me ha es aún muy clara la separación de éste de los condicionantes biológicos, sociales, físicos y materiales que bien pueden configurarlo. Sin embargo, de suyo es que las comunidades de aprendizaje se alimentan del intercambio de saberes y este, naciendo del quehacer de sus integrantes, inexorablemente se dirige hacia la remezcla y recontextualización en el marco de cada proceso de aprendizaje individual, para luego volverse a revertir hacia el resto de integrantes de la comunidad.
Este proceso, sin embargo, ocurre también aún de modo imperceptible, cuando identificamos procesos de aprendizaje entre instituciones y ciudadanos. En estos, tal y como he podido ver, la construcción del diálogo necesario entre instituciones y ciudadanos, partiendo de aquello que [boisier_sergio_y_2002] llama conversaciones sociales, apunta hacia la materialización de un compromiso con el camino del desarrollo endógeno y, además, abre la posibilidad de iniciar un proceso de generación y formación de un ciudadano activo y responsable con la construcción de la sociedad e instituciones con las que interactúa. Lamentablemente, también debo decirlo, en este caso la ruta supone aún más ires y venires, pues en ocasiones la urgencia de la acción política condiciona la perdurabilidad de los esfuerzos que no pueden aportar resultados tangibles y capitalizables políticamente hablando, en el corto plazo.
Aprender es sinónimo de una progresiva adquisición de conocimiento que, de algún modo, conduce a modificar hábitos y conductas, lo cual puede observarse gracias a la interacción de quien aprende con su entorno. Lo que digo aquí es que si bien hay diferencias notables en el progreso en el aprendizaje entre personas, estos también son evidentes, y quizás aún más, cuando dichos procesos se articulan sobre la acción institucional o ciudadana. Haciendo una extensión de esta definición podríamos decir que el aprendizaje colectivo, en comunidad, conduce de modo directo a una formación ciudadana y, desde allí, a la reconstitución del sentido común de la revalorización del papel del ciudadano en la constitución y preservación del bien público. Esa es la ruta deseable. No puedo indicar en cuánto tiempo promedio se lograría, lo que si puedo anunciar aquí es que si asumimos al desarrollo endógeno como aquello que activa fuerzas sociales en torno a la construcción y preservación de lo público, diremos entonces que el aprendizaje colectivo es la puerta hacia el carácter endógeno del desarrollo y, por lo que he visto, un buen camino hacia ello es hacer evidente que el aprendizaje, como proceso, sólo puede anclarse en que quehacer cotidiano de quien lo asume. Esto es parte de lo que he vivido en las comunidades de aprendizaje.
Creo que debemos partir, entonces, del acuerdo que el despliegue del ser humano y, por tanto el desarrollo endógeno, no pueden entenderse sin la observación del proceso de aprendizaje que se inicia aún antes del surgimiento de ambos (individuo y aprendizaje) y que en este proceso, los cambios en el entorno, dada su complejidad y duración en el tiempo, observan una lentitud mayor ([brown_j.s._situated_1989, wilson_b._review_1991]). Esto supone que el aprendizaje es posible gracias a la construcción y preservación de una suerte de memoria común. Una sociedad sin memoria, niega la generación de conocimiento en su seno y niega la posibilidad de que sus instituciones fortalezcan procesos de formación ciudadana. De modo que aquello que se dijo antes que es la puerta hacia el desarrollo endógeno sólo puede alcanzarse con la memoria colectiva como llave. Y allí, ésta última funciona, además, como elemento de anclaje, de vínculo ineludible del ciudadano con su entorno.
Se erige, entonces, como un eslabón adicional del arraigo del ciudadano con su comunidad, superando así una concepción de arraigo del individuo que supone la mera localización geográfica en un espacio determinado. Arraigo es, en términos del desarrollo endógeno, el resultado de la conjunción de diversos elementos que desde el quehacer diario de una comunidad contribuyen a que cada ciudadano se sienta y viva como parte integral de ésta y responsable de su suerte. De allí que la memoria colectiva sea un eslabón del arraigo del ciudadano, además de pilar del aprendizaje, y clave de la construcción de un desarrollo endógeno que, como se verá después, sea percibido en tanto sean observables sus dimensiones (decisión, control y enriquecimiento locales).
En mi experiencia, he visto que no basta con decir qué se sabe y cómo se ha sabido. No es suficiente construir un grupo y habilitar procesos de socialización y divulgación de lo que se sabe y cómo se ha aprendido. Resulta, entonces, vital hacer de ese proceso un ritual de intercambio franco y abierto el cual, además de estar sostenido por procesos dialógicos, conduzca de modo transversal, procesos de sistematización, reajuste, internalización y remezcla de lo sabido y aprendido.

El conocimiento como vehículo de articulación social.

Hasta aquí hemos dibujado un proceso de desarrollo que, teniendo una condición de endógeno y, por tanto, un carácter sustentable y sostenible, no sólo se ve afectado por las decisiones tomadas localmente, sino que también impacta de modo directo, o al menos debiera hacerlo, en otros procesos sociales como los derivados del hecho educativo y las distintas formas colectivas de enseñanza-aprendizaje que lo componen. Es evidente que no hablo aquí de modo exclusivo de la educación formal, sino que pretendo nombrar todo el proceso educativo como un complejo rizoma de acciones, tensiones y distensiones que se articulan sobre un hecho social que no es, ni de cerca, unidimensional.
Desde luego, aún de modo informal, las comunidades de aprendizaje son una manifestación evidente de lo educativo como proceso social con impacto directo en las opciones de desarrollo endógeno. En éstas, el arraigo de la opción de desarrollo al quehacer social, y, a su vez, con el hecho educativo, puede construirse sobre razones inherentes al quehacer individual, pero también desde la genuina convicción de que las sinergias cognitivas se derivan de las conversaciones sociales presentadas antes, y están asociadas a la construcción de significados, y que estos significados son los que redundan en la articulación de preguntas y sentidos de las comunidades.
En esta articulación de la acción social hecha posible a través del conocimiento, y con sus distintos matices de comunidad en comunidad, sucede la creación intelectual, que deviene en cosa que se incorpora al lenguajear de la comunidad como espacio de creación colectiva, y en tanto que deviene también un activo intangible de esta. Esa cocreación se apellida intelectual, no tanto porque sea producto de la erudición y a veces objeto de ésta en la reflexión de la comunidad de aprendizaje, sino porque ocurre desde dicha reflexión y se conduce también hacia la enunciación y descripción de realidades y hacia la acción y resolución de situaciones y problemas.
Pero además, como activo intangible, la creación intelectual no logra trascendencia por si misma, sino a través de un acto deliberado de sistematización y socialización. La remezcla, entonces, es inevitable en el proceso de cocreación intelectual, ya que las comunidades de aprendizaje arrojan evidencias de un conocimiento que se trans-figura y, al tiempo, configura a un nuevo ser que aprehende ideas, se las apropia, las internaliza y las exterioriza desde su propia óptica y visión. Esta suerte de ciclo, que [nonaka_i._knowledge-creating_1995] denominaron espiral del conocimiento, dinamiza de forma exponencial al conocimiento y posibilita su utilización y reutilización -casi- infinita.
El conocimiento, manifiesto a través de la cocreación intelectual, tiene el rol de transporte de la acción social no tanto porque la habilite, cosa que hace, sino porque en el proceso de acción social, los participantes de las comunidades de aprendizaje se reconocen a si mismos como poseedores, remezcladores y cocreadores de conocimiento pertinente y emergido desde su quehacer cotidiano.
Decía líneas arriba que hay matices entre comunidades. Diría aún más. Históricamente, el devenir de las comunidades de aprendizaje no es el mismo. Su quehacer las cambia no sólo porque quienes las integran cambian y se hacen a si mismos, sino también porque los intereses de las comunidades de aprendizaje bien pueden irse redibujando. En mi caso, ver este proceso en una comunidad constituida dentro de una institución inherente al contexto educativo como el cultivado en y desde el CUHELAV, ha supuesto en primer lugar una oportunidad para dar sentido colectivo a creaciones intelectuales surgidas en el ámbito individual, pero también a aquellas surgidas de una nueva visión sobre la enorme potencialidad existente en el sector turismo y hospitalidad como campo investigativo y de formación,y también la oportunidad de incidir desde esta creación al fortalecimiento de los valores de la nueva cultura turística. Sin embargo, internamente es evidente en nuestra comunidad la emergencia de un antes y un después del primer cierre de procesos de formación. No somos los mismos de hace dos años, pero además, de nuestra experiencia auguro un trabajo más imbricado en adelante, pues siendo que las semillas no caen muy lejos del árbol, los primeros cierres de ciclo con titulaciones, animan fuertemente el camino a quienes comienzan la andanza de reconocerse aprendices que enseñan.
Pero hay algo más. Si bien a través de las cocreaciones intelectuales de nuestra comunidad se espera ayudar en el proceso de reflexión y debate sobre cómo institucionalizar la diversidad de aproximaciones al aprendizaje del hecho turístico como una realidad evidente, aún persiste una suerte de lógica academicista que en ocasiones se impone a la lógica de la comunidad de aprendizaje, signada por una natural búsqueda de la promoción, estímulo y fomento de una investigación científica, una apropiación y remezcla del conocimiento y para el fomento de la capacidad para la generación, uso y circulación de éste. No sería exagerado señalar incluso, que ambas lógicas han entrado en ocasiones en conflicto, en e proceso de construcción de una perspectiva desde la cual comprender e impulsar el desarrollo nacional tomando como eje transversal el turismo y la hospitalidad. Así las cosas, ¿cómo resolver un conflicto entre ambas lógicas?
Sería interesante, quizás, comprender en primer término la naturaleza del conflicto enunciado. ¿Es la lógica academicista hegemonizante del proceso de investigación la que se enfrenta a la lógica de la diversidad de los procesos de generación del conocimiento o es la perspectiva sobre el hecho turístico la que permite la aproximación desde ambas lógicas? Nombramos una lógica academicista, generalmente sostenida sobre una forma única y buena de hacer conocimiento que, además, soporta una jerarquía de las relaciones interpersonales marcada por acumulación de títulos que, sin embargo, no tributan al quehacer institucional o del sector turismo. La contraponemos frente a una lógica en la que las relaciones interpersonales operan en un espacio de remezcla (casi promiscua) del conocimiento que es compartido de forma abierta porque ocurre en el marco de lo cotidiano. En otras palabras, ¿el conflicto ocurre sobre la visión del turismo como hecho que posibilita el conocimiento, o sobre la comprensión del conocimiento en si mismo?
Creo que los diferentes modos de aproximarse a la generación del conocimiento en ambas lógicas son mutuamente excluyentes y suponen un conflicto que es, sin duda, anterior al hecho estudiado. Estoy convencida, además, que el debate no hecho no sólo en nuestra comunidad, sino en otras, sobre los modos de aproximarse al conocimiento y la manera en que ésta condiciona tanto la acción social como la cocreación intelectual en las comunidades de aprendizaje, es una pieza clave para comprender algo más las dinámicas inherentes a cada una de ellas.
Me gustaría, entonces, abordar en las siguientes secciones, algunos aspectos que considero fundamentales para abrir ese debate sobre la generación del conocimiento, desde una perspectiva vinculada, además, con el desarrollo endógeno como lo es la economía social del conocimiento.

La economía social del conocimiento.

Manuel Castells, quien es un reconocido pensador del siglo XX cuyas contribuciones se han orientado fundamentalmente a pensar una suerte de cibernética de los actores del Estado en un contexto que ha denominado de red y que está muy cercano de definir para el Estado, relaciones similares a las que ocurren entre factores económicos privados, afirmó, hace unos diez años atrás cuando le preguntaron qué era la sociedad del conocimiento, que no estaba de acuerdo en hablar de tal cosa de modo diferenciado a lo que suponía estadios sociales anteriores pues, afirmó, todas las sociedades históricamente han basado su configuración en un desarrollo más o menos complejo del conocimiento disponible.
De esta forma, el conocimiento como se evidencia en distintos espacios, es un vehículo imprescindible para el desarrollo de actividades socioproductivas y otras conexas que las hacen posibles, de tal suerte que su utilización no depende de un proceso de especialización o profesionalización: el conocimiento se utiliza de forma cotidiana en cualquier interacción del ser humano.
Pero, ¿de cuál conocimiento hablamos? Resulta evidente que nombramos tanto habilidades y destrezas sociales y cognitivas como capacidades propias de la evaluación y diagnóstico de situaciones. Hablamos de conocimiento sistematizado y conocimiento en bruto. Entendemos al conocimiento como un conjunto de hechos y sucesos que se perciben desde el espacio del ser y trascienden al espacio del accionar del ser humano.
El conocimiento entonces, se extiende desde espacios de la percepción hasta espacios de la acción individual y colectiva. Es por ello que, siguiendo a Castells, no puede hablarse de una sociedad del conocimiento como un hecho reciente y no vinculado al quehacer mismo de la sociedad, pues, en el fondo, todos los grupos sociales han descubierto, atendido y solucionado sus problemas con la utilización del conocimiento que han tenido a bien usar.
En el contexto de las relaciones y del accionar relacional que supone la acción coordinada emergente del quehacer del Estado, en el cual éste interactúa como actor de peso en el contexto social, económico y productivo, y se vincula con otros actores del ámbito social, económico y productivo, el conocimiento desempeña un papel importante en la definición de los espacios de poder y de dominio político y decisional. Y es en este contexto en el cual emerge la economía del conocimiento, como un entramado de actores y factores productivos que atribuyen un valor transaccional al mismo.
La economía del conocimiento, entonces, dibuja relaciones comerciales, financieras y de poder político en las cuales éste tiene un peso definitivo y, por tanto, es intercambiado como un insumo y producto clave de todo el proceso productivo. Enfatizamos en la etapa del intercambio del conocimiento pues, al ser un factor privilegiado en la producción de riqueza y valor dentro de los distintos elementos productivos del aparato económico, el intercambio es el proceso más directo en que tal producción de riqueza puede ser materializada.
Bajo estas premisas, es la posibilidad del proceso de intercambio del conocimiento con un valor monetario implícito la que conduce a que se reivindiquen fenómenos que son vistos en otros contextos como perjudiciales para el aparato económico e, incluso, perversos en su funcionamiento. Pongamos por ejemplo, la escasez. A cualquiera puede parecer que la inducción de escasez de productos primordiales para la vida como alimentos y medicinas, es decir, su ocultamiento circunstancial y provocado, puede afectar de modo considerable el quehacer diario de la población afectada. Pero, debemos preguntarlo de modo claro, ¿qué otra cosa es el licenciamiento de conocimiento a través de patentes y permisos, sino una escasez inducida sobre el conocimiento? ¿No se ha convertido el proceso de aprendizaje formal en algo que se sirve a sí mismo, apuntalando la primacía del conocimiento formalmente adquirido, para el cual sirve? ¿No privilegian, de forma grosera en algunos casos, la aplicación de recursos a investigaciones avanzadas en campos en los cuales los productos resultantes sólo podrán ser desarrollados por grandes consorcios industriales que, a su vez, han acaparado cadenas de distribución y comercialización?
En este modelo el conocimiento es un factor (más) del capital y, como tal, es acumulado. No en vano, a la economía del conocimiento se la conoce como capitalismo cognitivo.
La economía del conocimiento privilegia la conformación de centros de poder y la incidencia desde el poder económico hacia el poder político, y de un modo abierto justifica el uso de instrumentos y la toma de decisiones que garanticen que este modelo económico no sea vulnerado. El conocimiento es, en definitiva, una mercancía y como tal es tratada. Y como mercancía, debemos decirlo también, el conocimiento queda fuera del alcance de muchos y muchas. Así, actividades como la creación, la adaptación, la difusión y el aprendizaje sobre elementos de conocimiento, han crecido vertiginosamente y han venido adquiriendo valor al alimentar el surgimiento de nuevas actividades productivas como creación software y hardware y la aplicación de nuevas tecnologías a la mejora progresiva de otras actividades productivas.
El secuestro del conocimiento que conduce a una escasez inducida, continúa y como respuesta desde espacios institucionales públicos pero también desde espacios de acción colectiva se han venido ideando iniciativas que persiguen superar estas limitaciones. El movimiento de software libre es, a nivel mundial, uno de los mejores referentes en este sentido. La lucha por superar las limitaciones impuestas por el acceso a conocer los modos de producción de una pieza de software mediado por la posesión de licencias, ha sido una de las banderas enarboladas por este movimiento desde los años 80 del siglo XX. En ese proceso, los activistas han defendido el derecho a conocer para poder apropiarse de los modos en que puede producirse software. Pero, además, frente a un proceso de aprendizaje formal que se justifica a si mismo como cánon de medición de procesos de validación de conocimiento, la búsqueda por saber y conocer son actividades naturales de los y las activistas de software libre. La ciencia y la tecnología son herramientas concretas para quienes desarrollan y socializan tecnologías de información libres y la investigación es un hecho cotidiano y no reservado a resonantes titulaciones.
La defensa de procesos de liberación de conocimiento y el enriquecedor activismo que la sustenta, son apenas vértices de esta lucha. Desde el activismo por el conocimiento libre se defiende que la única forma en la que el ser humano puede desplegarse a plenitud es comprendiendo que esta labor requiere la garantía de tener acceso a conocimiento sin ningún tipo de restricción, y es esta manera un proceso deen la cual, además, es posible trascender desde la economía del conocimiento a la economía social del conocimiento.
Como espacio de producción, el conocimiento además de ser liberado requiere hacerse social para convertirse en sustrato de la colectivización de los procesos productivos. El conocimiento requiere ser liberado y, además, estar a disposición de todas y todos.
Las diferencias entre el modelo de la economía del conocimiento y el modelo de la economía social del conocimiento son sutiles pero no menos importantes:

 

  1. En cuanto a la naturaleza y propósito del conocimiento:
  2. La economía del conocimiento defiende que el conocimiento es un constructo individual, sólo acumulativo en ese contexto y, por tanto privado.
  3. Desde la economía social del conocimiento se han construido una serie de principios que fundamentan la defensa del conocimiento como un bien común, que pertenece al colectivo, a la comunidad, a la región y a la sociedad en general. Como bien común, el conocimiento no puede ser sustraído del espacio de todos para estar en el espacio de lo particular. Como bien común, el conocimiento es indispensable para el desarrollo pleno de las actividades del colectivo y, por tanto, si esa condición se pierde, se afectará sensiblemente las potencialidades de desarrollo de la comunidad.
  4. Configuración del modelo económico y los factores de intercambio:
  5. En la economía del conocimiento el modelo económico se construye sobre el valor de cambio del conocimiento y, por tanto, busca obtener el mayor volumen posible de ingresos con base en ese intercambio y las utilidades que se derivan de su manejo como factor privado.
  6. En la economía social del conocimiento defiende un modelo económico construido sobre el valor de uso del conocimiento en función de lo cual busca maximizar las externalidades positivas que se derivan del uso que la sociedad hace y colectiviza de éste.
  7. Sentido de la propiedad intelectual
  8. La economía del conocimiento construye una propiedad intelectual exclusivamente privada, soportada sobre las patentes y las licencias como instrumentos legales. Por ello, la producción del conocimiento opera bajo criterios de competencia y distribuyendo de modo individual los beneficios derivados de ésta.
  9. La economía social del conocimiento sustenta el reconocimiento de diversidad de formas de propiedades intelectuales: propiedad intelectual en poder del Estado, en poder de individuos o entes privados y propiedad intelectual de carácter colectivo. La producción del conocimiento se enriquece con la acción colaborativa y, por tanto, se construye en condiciones de coopetencia. Por ello, los beneficios de la propiedad intelectual no son solamente financieros y pueden, además, ser colectivizados también.
  10. Modelo de desarrollo:
  11. La economía del conocimiento es, como hemos visto, un apéndice y manifestación del capitalismo que posibilita la acumulación del conocimiento como factor de poder económico, social y político, atenta contra la generación de opciones colectivas locales de desarrollo.
  12. La economía social del conocimiento posibilita, por su parte, la articulación local de decisiones sobre opciones de desarrollo que potencien vocaciones y potencialidades locales, ancladas sobre la utilización de capacidades colectivas.

Espacios sociales emergentes y la economía social del conocimiento.

No cabe duda que la economía del conocimiento es apenas una manifestación de la economía capitalista, y que como tal contribuye a su sustento, y tampoco cabe duda de que este es el modelo imperante contra el que emergen resistencias importantes a nivel global.
[bey_hakim_taz._1991]describió las Zonas Temporalmente Autónomas (TAZ por su nombre en inglés), como espacios físicos, mentales o culturales en los cuales se eluden los mecanismos formales de control por un tiempo determinado. En estas Zonas Temporalmente Autónomas, la información es la mejor arma para enfrentar los mecanismos de control de estructuras sociales y estadales y que han sido introducidas en nuestras prácticas sociales desde muy jóvenes.
Así, las Zonas Temporalmente Autónomas son espacios neurálgicos de autoorganización social que, a juicio de Bey, requieren un uso y manejo privilegiados de la información para poder salvar las limitaciones propias de estructuras de control institucionalizadas de manera formal y que, por supuesto, suponen el ejercicio de la actividad social (o socioproductiva) de una forma casi subversiva o, al menos, oculta de la mirada de los grandes medios.
Pero además, las Zonas Temporalmente Autónomas pueden agruparse entre si, como un entramado o red, y es bastante probable que algunas de ellas puedan, con el tiempo, superar su carácter temporal y establecerse de modo permanente.
Centrémonos ahora en esta última característica: la permanencia, para poder ilustrar dos actividades de resistencia, que ocurren en Zonas Temporalmente Autónomas y que son, a nuestro juicio, buenos ejemplos de espacios sociales emergentes que fortalecen la economía social del conocimiento.

0.5.1 Las comunidades generadoras de software libre.

Antes mencionamos el papel de la tecnología en la economía del conocimiento o capitalismo cognitivo, facilitando la mejora de procesos, o convirtiéndose en si misma en un bien o servicio dentro del proceso productivo. Exploraremos ahora este segundo aspecto, valorando algunos ejemplos en los cuales se combina la construcción de bienes y servicios a partir de la generación de software y la búsqueda por socializar el conocimiento.
La producción de software para ser utilizado por computadoras tiene su origen en la primera mitad del siglo XX, aunque desde luego ha tenido un crecimiento y diversificación vertiginosos en los últimos 15 años.
Creemos que es injusto asociar este crecimiento casi abrumador de modo exclusivo a las mejoras introducidas en los dispositivos electrónicos, aunque su avance es innegable. Desde el punto de vista de la producción de software, si bien ha habido un cambio significativo gracias a las modificaciones introducidas en el hardware utilizado y disponible, sin lugar a dudas el mayor impacto en el crecimiento de los desarrollos ha venido del auge de grupos de personas que han venido insistiendo desde la década de los 80 del siglo XX en la necesidad de defender el uso y desarrollo de software libre.
Estos grupos, diferencian de modo explícito la existencia de un software cuyo acceso para el usuario final está mediado por el pago de licencias de uso y distribución, al que llaman privativo, y aquel que no está mediado por estas limitaciones y, además, puede ser estudiado, modificado y difundido al gusto de cada cual.
Sin embargo, no es suficiente que el software pueda modificarse o estudiarse, pues hay que tener también al alcance dispositivos de aprendizaje que lo hagan posible. Así, desde los grupos y comunidades de software libre así como se viene defendiendo las enormes posibilidades y potencialidades del software libre, han establecido además modos en los cuales el conocimiento necesario para ello, además de estar liberado, se ha hecho social.
Ese hacer social al conocimiento ha venido de mano de la diversificación de los dispositivos utilizados en la sistematización de los desarrollos, en los utilizados en el aprendizaje sobre los modos de desarrollo y también en la informalización de este aprendizaje. Paralelo a proyectos de desarrollo de software para usuarios finales o para servidores como Mozilla Firefox, Mozilla Thunderbird, Linux, Ubuntu, Blender, Debian, Git, Python u otros, se han aglutinado grupos de personas, en lo que llamamos comunidades, que han venido generando contenidos de aprendizaje, sistematizando conocimiento, problematizando y resolviendo temas puntuales de desarrollo y configurando una enorme masa crítica de asesorías en la resolución de esos problemas puntuales.
El software es un producto del conocimiento y el conocimiento que lo hace posible se transforma en un servicio cuyo uso es socializado de manera abierta y prácticamente sin límites.
¿Por qué esto ha ocurrido en comunidades de generación de software libre?
En su célebre escrito La Catedral y el Bazar, [raymond_eric_cathedral_1999] nos da una pista:
Linux es subversivo. ¿Quién hubiera pensado hace apenas cinco años que un sistema operativo de talla mundial surgiría, como por arte de magia, gracias a la actividad hacker desplegada en ratos libres por varios miles de programadores diseminados en todo el planeta, conectados solamente por los tenues hilos de la Internet?
La interacción con los usuarios finales y entre los/las desarrolladores/as se convierte en un elemento distintivo en los procesos de generación de software si los comparamos con otros sectores productivos. En ese escrito, Raymond cuenta el ciclo de desarrollo de fetchmail, una aplicación de gestión de correo electrónico y cómo la metodología de trabajo utilizada (y defendida) por Linus Torvalds para el desarrollo del kernel (núcleo) de Linux, funcionó a la perfección para la mejora continua de la herramienta.
La metodología de Torvalds de “libere (código) rápido y a menudo, delegue todo lo que pueda, sea abierto hasta el punto de la promiscuidad” (referida en [raymond_eric_cathedral_1999]), y que se refiere al proceso de generación de software y de vinculación con usuarios/as finales y otros/as desarrolladores/as en la configuración e la comunidad, implica sin embargo, un proceso de dirección del proyecto de desarrollo que se sostiene gracias a la aplicación del conocimiento como palanca.
Por ello, en la producción de software se constituye una suerte de ecosistema en el cual las actividades facilitadoras y los bienes y servicios derivados se organizan de modo de fortalecerse y beneficiarse mutuamente generando sinergias que se desprenden de los intercambios presentes en el interior de cada comunidad de desarrollo. Estas sinergias que tienen como vehículo al conocimiento, recuerdan mucho a lo que escribimos antes que dibuja [boisier_sergio_lenguaje_2009] nombra como conversaciones profesionalmente estructuradas.
Estas conversaciones profesionalmente estructuradas permiten establecer métodos de tomas de decisiones y, en algunos casos, como mencioné arriba, jerarquías conducentes a la configuración de autogobierno. Javier [de_la_cueva_javier_software_2012] afirma que en las comunidades de software libre opera una suerte de gobernanza, la cual es evidente a través de las pautas y normas de conducta que asumen sus integrantes y que, al mismo tiempo, son trasladadas a otras comunidades generando una suerte de imbricación de éstas prácticas a lo largo de todo el ecosistema productivo del software libre. El entramado resultante, de características cibernéticas, opera como catalizador de nuevos espacios de creación y producción de software, conocimiento, procesos de aprendizaje y de investigación en torno a la solución de problemas.
La generación de software, entonces, desde los espacios pequeños de un individuo con una idea de desarrollo, hasta la del activista con un accionar cónsono con sus creencias, posibilita la generación de una Zona Temporalmente Autónoma, donde las leyes del mercado, signatarias del valor de intercambio en torno al conocimiento, pueden ser eludidas por la reivindicación del carácter social del conocimiento y, a su vez, su defensa como bien común. Lo interesante de todo esto es que, como el mismo Hakim Bey describió en un trabajo posterior, algunas zonas autónomas dejan de ser temporales para convertirse en Permanentes cuando los entramados de relaciones que aglutinan son tan diversos que permiten enlazar varias Zonas Temporalmente Autónomas. Esto, vale decir, es lo que viene ocurriendo con las comunidades de generación de software libre, desde mediados de los años 80 del siglo XX.

0.5.2 La producción agrícola en zonas urbanas.

No pretendemos ahondar en aquello que es de sobra conocido: en zonas urbanas, especialmente pero no de modo exclusivo, organizamos nuestras preferencias alimenticias en atención a factores externos. Por nombrar algunos, podemos decir que tanto la oferta de productos (mediada ésta por factores inherentes a la producción y distribución de los mismos), la disponibilidad de tiempo individual para su preparación y consumo, así como el condicionamiento social hacia la adquisición de determinadas marcas y productos (sostenido ello por un criterio de presión social, de autoridad o de publicidad), determinan sustancialmente los rubros alimenticios que adquirimos y la forma en que los procesamos para nuestra alimentación. Pero también esos factores externos condicionan el modo en que nos relacionamos con el conocimiento asociado a nuestra alimentación.
Cierto es que, dependiendo de la urbe en la que nos encontremos, resulta más o menos complicado acceder a productos agrícolas que podamos escoger y de los cuales se conozca, a ciencia cierta, su procedencia. Sin embargo, en nuestro país cada vez somos más quienes estamos interesados/as en poder trascender la compra de productos directamente ofertados en el supermercado y operar en cambios importantes en nuestra alimentación, lo cual supone, necesariamente, acudir a mirar nuestro entorno inmediato de otra manera, y comenzar a comprender el proceso de generación de alimentos como vinculado a factores más internos que externos.
En este contexto, construir una sinergia cognitiva tal que posibilite la generación de algunos de los rubros alimenticios que consumimos en zonas urbanas no deja de ser un acto subversivo capaz de inducir, a su vez, cambios significativos en las matrices de producción y consumo. Del mismo modo en que Linus Torvalds señaló el avance en el desarrollo del kernel de Linux gracias al impulso del movimiento hacker, la emergencia de los prosumidores como actores conscientes dentro de los procesos de producción y consumo de bienes agrícolas, han emergido como un factor de presión para el impulso de esas sinergias cognitivas.
La ruptura con patrones de consumo inoculados masivamente por marketing y por la presión social, es sin duda uno de los primeros pasos que se da en este sentido, sin embargo, la sinergia cognitiva resultante de este proceso no acaba hasta que ocurre un ciclo de apropiación del conocimiento desde la producción de la misma semilla utilizada en el cultivo. Hablamos de apropiación del conocimiento para nombrar un proceso complejo y no siempre lineal de asimilación, análisis, comprensión y socialización del mismo.
Antes hablamos de sinergia cognitiva para nombrar el fenómeno evidenciado en las comunidades de generación de software libre, gracias al cual el conocimiento se convierte en un insumo fundamental de los procesos de producción, y si hablamos de producción agrícola en zonas urbanas, debemos decir que ocurre de manera similar. Como decía Bey, las limitaciones impuestas por el sistema, que el llamó grietas, sólo pueden ser superadas con conocimiento. Y por contraposición, el sistema sólo puede sostenerse a sí mismo y el control social que ejerce sobre los individuos, si restringe el acceso al conocimiento y lo convierte en mercancía con alto valor de cambio. El proceso de siembra para el consumo resulta en una actividad organizada de manera tan simple o tan complicada como se lo plantee y generalmente involucra distintos procesos no formales de generación y socialización de conocimiento.
Pero si hablamos de una sinergia cognitiva que pueda sustentar la generación de prácticas trascendentes a la construcción de la agricultura urbana como una Zona Temporalmente Autónoma, debemos, necesariamente, reconvertir ese conocimiento con un valor de uso muy elevado, hacia la operativización de factores productivos propios de la economía social del conocimiento. Desde las semillas y los insumos hasta las prácticas de mejora de siembra, cosecha y recetas para consumo de productos agrícolas casi desconocidos, todo espacio de conocimiento es cuidado, reciclado y reproducido de modo, casi, infinito al punto en el cual surge la necesidad de trascender los espacios informales de resistencias hacia construcción de las políticas públicas afines al arraigo social de estas prácticas. Ejemplos a nivel nacional y regional sobran de esto, pero sin lugar a dudas nuestro mejor referente inmediato es el proceso de configuración de un marco legal hermanado con prácticas de preservación de semillas y patrones ancestrales de producción agrícola en Venezuela, que ha resultado de un proceso similar al que intentamos describir arriba y que se viene configurando, aunque a través de un cuerpo legal, en una suerte de Zona Permanentemente Autónoma que sirve de paraguas para una serie de acciones locales y regionales que habilitan las sinergias antes mencionadas.

0.5.3 Turismo Regional como actividad.

Como dije antes, al uso se entiende que la actividad turística está desarrollada por aquellas personas, denominadas turistas, que se desplazan desde su lugar de residencia hacia otro en el cual permanecen, por distintos motivos, durante un tiempo menor a un año y sin intención de establecerse de modo permanente.
Como actividad, el turismo representa un dominio de la economía donde convergen un conjunto de servicios y productos presentados a turistas que, a su vez, son desarrollados por una serie de empresas e iniciativas públicas y privadas, orquestadas para el disfrute de comodidades similares, o incluso mejores, que aquellas que el turista tiene en su lugar de residencia. Esto supone que el turismo, en términos macro económicos, es una actividad dinamizadora dentro de una economía nacional y que de la adecuada coordinación de su ejercicio con el resto de empresas e iniciativas que la sirven, puede lograrse un impacto en la mejora de los indicadores de desempeño económico de un país y a fin de constituir una industria para el sector turístico que posibilite su vinculación directa con eslabones productivos de otras industrias o sectores económicos conexos.
En la realización de esta actividad tanto turistas, quienes se desplazan, como las empresas que ofrecen sus servicios supone, entonces, la conjugación de una serie de servicios de distinta índole y nivel de complejidad. Si pensamos en el servicio de alojamiento, siendo éste uno de los que más directamente se asocia con la actividad turística, deberá asumirse entonces, que en su realización se involucra la industria de mobiliario, en la realización del mobiliario y equipamiento de los establecimientos de alojamiento (hoteles, campamentos, hostales y posadas entre otros), pero también se involucra con la industria textil para la dotación de los insumos para la elaboración, por parte de empresas de la confección, de lencería necesaria para habitaciones, baños y áreas comunes, con la industria del transporte para el adecuado traslado de los huéspedes, con la industria de la alimentación para la correcta dotación de alimentos y bebidas y, finalmente, para nombrar sólo algunas relaciones, la actividad de alojamiento se vincula con el ámbito educativo cuyas sinergias de formación e investigación derivan en la profesionalización de la actividad y, en última instancia, en la mejora de modos, prácticas y actividades dentro del servicio de alojamiento.
Sin embargo, hay otros elementos, que llamaremos condiciones habilitantes, que deben considerarse no sólo para el funcionamiento de la industria turística, sino también para las otras industrias cuyas actividades le son conexas. Las llamamos condiciones habilitantes, pues posibilitan el piso mínimo sobre el cual la actividad turística puede desarrollarse. Buen ejemplo de ello son los servicios públicos de agua y electricidad, pero también la iluminación, seguridad pública, carreteras principales y secundarias de conexión entre los destinos e internamente para beneficio de las poblaciones involucradas, conexión de internet, medios de comunicación locales autónomos y una actividad cultural diversa y multivocal, entre otros.
Cada vez con mayor frecuencia escucho decir que el turismo es una actividad prominente dentro de los factores productivos de un país y que puede ser una fuente muy importante de ingresos para las arcas nacionales. Sin embargo, creo necesario recordar que el impacto positivo en una economía nacional está en relación directa con los otros factores económicos que puedan verse dinamizados por el auge de la actividad turística y no de modo exclusivo por el mero establecimiento de nuevas empresas que incrementen la oferta de servicios a turistas. De suyo queda establecido también que el impacto en los distintos factores económicos de un país estará determinado por la forma en la cual la estructura fiscal, financiera y económica en general, se encarguen de servir a dicho propósito.
La perspectiva que del territorio tienen las empresas turísticas, y también el Estado, juegan un papel determinante en la organización de las fuerzas productivas y en la localización de nuevos servicios en los destinos turísticos. La visión de la educación sobre ese territorio en perspectiva de creación de oportunidades para el desarrollo de la industria turística, también determinará la diversidad resultante dentro de la industria, aunque no esté en el ámbito de su competencia directa. La perspectiva de los aportes fiscales de particulares al sostenimiento de la infraestructura que habilita los servicios turísticos también tendrá un impacto destacado en el desarrollo del turismo y su contribución al desarrollo nacional. En otras palabras, la perspectiva de la política pública nacional en materia territorial, educativa, fiscal, económica y financiera, determinará en mayor o menor medida cuántos de esos recursos que ingresen a empresas particulares que ofertan de modo directo servicios turísticos, pueden reinvertirse desde el sector público en beneficio de los proyectos sociales, de infraestructura, educación e industrialización, que permitirán sostener el desempeño de la industria turística y que, además, podrían reforzar su desarrollo anclándolo a un desarrollo local.
Diría entonces, que el crecimiento e impacto económico de la industria turística de un país en el desarrollo de éste vendrá determinado entre otros factores, por la visión política y de política económica, por la comprensión geoespacial de las relaciones entre los componentes del territorio, por la orientación de los procesos educativos nacionales y por la perspectiva socioproductiva hacia el turismo como industria, y estará determinado en última instancia por el modo en que la riqueza financiera obtenida por las empresas de servicios turísticos, pueda ser canalizado en justa proporción, hacia la construcción de las condiciones estructurales que habilitan su configuración posterior.
Así, vemos que la clave para convertir la configuración de una industria turística nacional y configurar de modo sostenido su impacto en la diversificación de las economías locales, es su posibilidad de dinamizar otros dominios de la economía que le son conexos y, además, el impactar en el sostenimiento de las condiciones habilitantes para que sus actividades sean posibles. En la siguiente sección presentaremos algunas ideas sobre ello.

0.5.3.1 El sistema turístico y las tendencias turísticas.

Vista la vinculación establecida en nuestros ejemplos anteriores entre el sector turismo y otras actividades económicas que le permiten sustentarse, toca explorar entonces cómo se configura dicho sector como un conjunto de actividades, actores, procesos e instancias, interdependientes e interrelacionadas.
La definición más cercana a este propósito es la de sistema. De hecho, la Ley Orgánica de Turismo vigente en Venezuela en su última reforma desde el año 2014, da cuenta en su Artículo 6º de la actividad turística como un sistema interrelacionado en el cual, además, asigna a cada componente una acción específica como se indica a continuación:

 

  • El Ejecutivo Nacional, por su competencia en el desarrollo turístico del país,
  • Los Prestadores de Servicios Turísticos (PST), con independencia de las figuras legales, siempre que cuenten con una orientación hacia la promoción y fomento turístico y oferten servicios y/o productos turísticos en el país,
  • Los turistas y visitantes nacionales e internacionales,
  • Las instituciones de educación en el área turística inscritas en el ministerio competente, como soporte del desarrollo turístico sustentable,
  • Los prestadores de servicios de radio, televisión y medios electrónicos, como partes integrantes de la promoción y habilitación de servicios turísticos en el país.

 

Pese a esta definición del turismo como resultado de la interacción de distintos sectores, instituciones y personas vinculados con la actividad turística, la identificación de los componentes del sistema, resulta insuficiente y deja pendiente aún la tarea de identificar los componentes que no son directamente vinculados a la actividad turística pero que la habilitan.
En este contexto, diré que la identificación de los componentes del sistema turístico debe, necesariamente, incluir aquellos factores que funcionan como habilitadores, los que funcionan como potenciadores, los que funcionan como promotores y los que funcionan como operadores de la actividad turística, a fin de tener un panorama algo más completo de las interacciones que lo componen. Cada grupo encierra el conjunto de actividades, tareas, decisiones de política y otros factores organizacionales, así como actores, entes públicos y privados que las hacen posible el logro de aspectos específicos dentro del sistema. De la conjugación de estos factores acabará por constituirse el sistema turístico no como un ente aislado sino como un espacio de vinculaciones y conexiones multidireccionales con otros sistemas que configuren sectores productivos con actividades conexas.
Así tendríamos entonces:

 

  • Factores habilitadores: Corresponde al grupo de actores, actividades, tareas, entes y demás cuyo impacto determina la infraestructura necesaria para la actividad turística y su sostenibilidad. Hablamos aquí de vías de acceso, servicios públicos, seguridad, condiciones para la creación y registro de nuevas empresas o iniciativas, aspectos relativos al contexto legal, de política pública para el sector, entre otras. También hablamos del incentivo a la vinculación con otras actividades socioproductivas conexas, como el cultivo y la producción agropecuaria, la elaboración de textiles, mobiliario, infraestructura física, tecnológica o de transporte, por ejemplo, para la satisfacción de la oferta turística nacional.
  • Factores potenciadores: Corresponde a aquellos factores orientados a impactar en la mejora significativa de las condiciones actuales sobre las cuales se desarrolla la actividad turística. Se incluyen en este contexto, por ejemplo, las políticas de financiación orientadas al sector, al igual que los actores y las acciones orientadas a la capacitación, formación y profesionalización de las actividades turística, las políticas de calidad de servicios y los mecanismos para asegurarla, las prácticas de generación y divulgación de conocimiento sobre el sector turístico y para éste, el reconocimiento de conocimientos, historia, acervo, valores y potencialidades locales para la identificación de tendencias turísticas para enriquecimiento de la oferta turística local y nacional, entre otras.
  • Factores promotores: Corresponde el conjunto de factores que actúan como difusores de las propuestas para el turismo nacional, así como los canales a través de los cuales la interacción entre turistas y visitantes, y los factores del sistema turístico nacional es posible.
  • Factores operadores: Definido por el conjunto de actores, tareas y actividades encargados de ejecutar y ofrecer servicios y productos turísticos entrando en contacto con turistas y/o visitantes de modo directo.

 

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Figura 1. Factores involucrados en un Sistema de Turismo. Fuente: Elaboración propia.

Existen, adicionalmente, otros elementos que tienen un carácter intangible pero que no son de menor peso pues determinan el que la sola disposición de estos factores no garantice la diversificación del sistema turístico y su impacto positivo en la economía nacional. Hablamos aquí de los modos en que se comprenden las relaciones entre los distintos actores, prácticas políticas sustantivas que se resumen en lo que en otros espacios hemos llamado comunes políticos, para denotar con ello el conjunto de prácticas, valores, significados y significantes, modos de interacción de actores y, en general, el conjunto de conexiones y desconexiones sociales entre éstos y las motivaciones que las impulsan o limitan.
Explorar la idea de los comunes políticos, retoma en parte la noción de los bienes comunes, entendidos como aquellos que pertenecen a un entorno social y son tenidos como necesarios para el desarrollo de sus actividades de forma tal que la propiedad sobre éstos no puede ser sustraída del ámbito de lo colectivo. En este contexto, a esa idea potente, hemos agregado la contextualización de la acción política, para referirnos a un conjunto de aspectos, propios de la organización para la acción social y, por tanto, de la política como acción social articuladora al interior de un colectivo. Entonces, al referirnos a comunes políticos, nombramos de modo deliberado ese conjunto de aspectos, propios de la práctica organizativa para la acción social, que devienen en un proceso de aprendizaje también colectivo pero que son tenidos como elementos valiosos al interior de ese colectivo, aún cuando no sean identificados de modo explícito como tales.
Los comunes políticos responden a un dominio público de la acción social e inciden en la formación de una suerte de capital político, responsable directo de la resiliencia de las comunidades en los procesos de articulación de acciones en condiciones de consenso, disenso o confrontación con los distintos actores con los cuales ocurre dicha articulación.
En el caso del sistema turístico y los factores antes enunciados, queda claro que los comunes políticos emergen como un espacio de aspectos intangibles que impactan de modo directo en los mecanismos a través de los cuales éstos interactúan pero que, además, vienen determinados también por condicionantes geográficos y territoriales. Sobre uno de estos factores, identificado como potenciador, del sistema turístico y su impacto en un aspecto en el cual se puede manifestar esos comunes políticos (el turismo colaborativo) discurre la siguiente sección.

0.5.3.2 Turismo Colaborativo y la infraestructura tecnológica como potenciador.

No hay una única o aceptada definición sobre lo que el Turismo Colaborativo significa. Nuevamente recurre a este neologismo con la expectativa de dar cuenta de un servicio turístico particular: el alojamiento, y el mecanismo a través del cual se acuerda su oferta: entre pares. Sin embargo, recientemente asistimos al auge de otros servicios turísticos conexos al alojamiento que también pueden estar siendo objeto de transacciones colaborativas o entre pares.
La idea de acordar oferta de servicio, políticas de intercambio, disfrute del servicio, y expectativas de lo recibido, entre pares, esto es, iguales, emula los intercambios de información, bienes o servicios apoyados en el uso de las tecnologías de información y comunicación que sirven de base para buena parte de las comunidades en línea y de activistas de software, conocimiento y cultura libres.
En este contexto, ha surgido una forma relativamente novedosa de acordar entre particulares el servicio de alojamiento. Este tipo de convención, aunque recientemente ha ganado en difusión y popularidad, tiene su mejor antecedente en los peregrinos que recorren año tras año el Camino de Santiago, tendencia de turismo religioso desarrollado entre el norte de España, hoy día patrimonio de la humanidad, y que emula los pasos de Santiago el Mayor, hermano del Apóstol Juan. La ruta del Camino de Santiago desemboca en Santiago de Compostela, pero durante la travesía, particulares y organizaciones que ofrecen servicios de alojamiento y alimentación para auxiliar a los peregrinos y las peregrinas que la recorren, previo acuerdo entre éstos.
Otros antecedentes de experiencias en servicios de alojamiento concertados entre pares particulares y principalmente motivado por un turismo joven en Europa, son los establecimientos tipo Bed & Breakfast (cama y desayuno). Esta modalidad de alojamiento llega a Estados Unidos en la década de los años 60 del siglo XX y se caracteriza porque en la casa de habitación dispuesta para ello, habitan sus propietarios y varias habitaciones son ofrecidas con servicio por día de alojamiento y desayuno colectivo. Hay experiencias similares, aunque de data más reciente como el couchsurfing, que se centra en la localización de un sofá por intercambio entre viajeros de distintas partes del mundo.
Estas tendencias tienen un denominador común: aunque se trata de establecimientos de alojamiento, su servicio es ofrecido de forma paralela a la normativa y regulación vigente, aunque esto no llega a suponer que la relación de intercambio surgida del acuerdo entre pares, resulte negativa en una frecuencia mayor a lo que ocurre con experiencias en establecimientos de alojamiento regulados por las normas estatales.
En turismo, como en pocos otros sectores productivos, ocurre que la mejor referencia de experiencias, actividades o lugares a visitar viene a través de personas que generan confianza por su cercanía o porque se les concede, emocionalmente, la autoridad para ello. La llegada de portales como Tripadvisor

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Servicio de catalogación y valoración entre pares de establecimientos de alojamiento a lo largo del mundo. http://tripadvisor.com

, y otros similares, han puesto al servicio de los visitantes y turistas, las tecnologías de información y comunicación para dar cuenta de sus experiencias y permitir a otros conocer aspectos relevantes para turistas y visitantes, previo a su desplazamiento.

Pero la aplicación de tecnologías de información y comunicación a la mejora y ampliación de servicios turísticos apenas ha comenzado. En el año 2008 se hace pública la aplicación en línea de la empresa norteamericana Airbnb

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Plataforma en línea, de acceso gratuito, cuyo modelo de negocio se cifra en porcentajes sobre la venta de servicios de alojamiento acordados entre pares. La plataforma cuenta con una cantidad de opciones de alojamiento a lo largo y ancho del mundo, que van desde castillos y alojamientos 5 estrellas hasta carpas o casas rodantes. El servicio anima a quienes ofrecen alojamiento a compartir ese espacio extra que les sobra en casa (un sofá, una habitación, un garage acondicionado, una cabaña en el patio o una carpa), con turistas ávidos de huir del clásico e impersonal servicio de alojamiento en hoteles. http://airbnb.com

, como plataforma para ayudar el acuerdo entre pares para servicio de alojamiento en espacios únicos, singulares e irrepetibles a lo largo del mundo, posibilitando la expansión dela resonancia del boca a boca, a niveles insospechados. Al día de hoy, este servicio se expande en unas 191 ciudades del mundo y ha permitido transar servicios de alojamiento a unos 60 millones de turistas o visitantes. Hoy día, Airbnb no sólo permite acordar alojamiento colaborativo, sino también acordar experiencias compartidas con visitantes de cualquier parte del mundo, cuya búsqueda bien puede cifrarse en conocer esos aspectos cotidianos, particulares y únicos que puede ser transmitidos solamente por quien es un/a baquiano/a en ellos. Cada servicio es calificado tanto por quien lo ofrece, el anfitrión/a, como por quien lo recibe, el huésped, y la empresa se encarga de verificar y tramitar un seguro en caso de imprevistos surgidos tanto para quien alquila como para quien recibe el servicio.

Sin embargo, y como establezco en la sección siguiente, pese a su auge, aún el servicio de Airbnb resulta marginal a la economía del alojamiento turístico. Las ventajas, protección y posibilidades de impactos positivos que da a los clientes y anfitriones son interesantes y muy atractivas, pero no lo suficiente como para impactar negativamente en el conjunto de beneficios percibidos por el resto de establecimientos de alojamiento, lo cual resulta fundamentalmente de las importantes deficiencias en el ajuste de la oferta de plazas cama a las demandas de los turistas.
Lamentablemente, no ha ocurrido así en otras actividades conexas al turismo y que se han beneficiado de experiencias colaborativas. Hablaremos del caso de Uber, empresa norteamericana surgida también durante el año 2008

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Empresa original de Estados Unidos, dedicada a conectar pasajeros con conductores/as para concertar via electrónica la localización de servicio de traslado particular en vehículo automotor. Uber gestiona el servicio a través de una aplicación móvil que ubica a quien desea el servicio y lo conecta con los conductores registrados en la aplicación que estén disponibles. El servicio resulta más confiable, seguro y económico que contactando a un servicio de taxi al uso. http://uber.com

. A un problema simple: localización de un taxi, surge una respuesta directa a través del uso de tecnologías de información y comunicación para mediar el intercambio y las transacciones comerciales entre pares. Al igual que en el caso de Airbnb, los servicios son calificados con posterioridad a su disfrute, lo cual permite aplicar un rango de calificaciones a conductores y clientes. Hoy día el servicio de Uber que, inicialmente al menos, atendía un número reducido de taxis premium, se concentra en facilitar en algunas ciudades, los servicios de traslado no sólo de personas, sino también de bienes y otros servicios. Sin embargo, el impacto de Uber sobre la economía del transporte superficial de personas en ciudades y metrópolis ha impactado de un modo insospechado a los prestadores organizados en líneas formales de taxis y ha revelado aspectos negativos de sus economías.

Las mayores resistencias a Uber han sido evidenciadas en términos de servicio, por dos motivos: la inseguridad en algunos servicios, reportando robos a choferes de las unidades y la impericia que, en algunos casos, ha terminado en accidentes de tráfico. Sin embargo, en términos del sector económico que ocupa el segmento con el que prioritariamente trabaja Uber, es decir, el transporte superficial, en algunos países de la Unión Europea (UE) se ha llegado a prohibir su funcionamiento, visto el tremendo impacto de la aplicación y lo que ha implicado en términos de reducción de clientes para las compañías tradicionales.
Sin embargo, el impacto es evidente. Hoy día,

(…) “Uber es solo una herramienta de software, no posee ningún vehículo, y ahora es la compañía de taxis más grande del mundo. Airbnb es ahora la compañía de hoteles más grande del mundo a pesar de no poseer ninguna propiedad.” (Udo Gollub, 2016 Reflexiones desde la Universidad de la Singularidad. Tomado de https://www.facebook.com/udo.gollub/posts/10207978845381135 consulta hecha el 10/01/17)
En ambos casos, estamos frente a experiencias de servicios de turismo colaborativo. Pero, si bien ambos ejemplos se centran en la confianza como base de la relación de intercambio comercial, bien pueden las normas nacionales no estar preparadas para dar cuenta del auge inusitado de la aplicación de tecnologías de información libre para la gestión de estos acuerdos basados en la confianza. Veremos algunas razones para ello.
Si volvemos unos pasos atrás, si bien la confianza es un componente de los llamados comunes políticos, nada despreciable, no es menos cierto que el contexto normativo que da cuenta de las pautas de conducta de una sociedad sólo recoge algunos de esos comunes políticos. Hacemos esta mención en este punto, pues en ambos casos citados, el acuerdo entre pares no está respaldado más que por acuerdos básicos de respeto mutuo entre las partes y una previsión en casos de emergencia extrema. Sin embargo, ambos servicios operan al margen de regulaciones turísticas que están presentes en buena parte de los destinos turísticos donde operan.
En el caso de nuestro país, todos los establecimientos turísticos de alojamiento, deben contar con los registros de Ley, sin embargo en buena parte de los destinos turísticos la actividad de servicios turísticos de alojamiento formales convive con una serie de establecimientos conocidos como extrahoteleros, que se encargan de suplir las deficiencias en la oferta de plazas cama. A diferencia de la experiencia de Airbnb, el servicio prestado por estos establecimientos extrahoteleros no siempre refleja la confianza que depositan en ellos los turistas o visitantes que recurren a ellos. En términos formales, los servicios de alojamiento extrahotelero no cumplen con los registros de Ley ni pagan los impuestos respectivos como prestadores de servicios turísticos.
En términos de la economía del turismo, la existencia de estos establecimiento sin el reconocimiento formal de la ley conduce a una reducción en los ingresos al Estado por vía de impuestos al sector, al tiempo que supone una diferencia importante en las condiciones de desempeño empresarial, pues la fuerza laboral que pueda estar involucrada en la prestación del servicio no está protegida ante la Ley, conduciendo a una precarización laboral naturalizada.
Lo advirtieron los ministros y las ministras de turismo de la región reunidos en Uruguay en un encuentro de MERCOSUR en abril del 2016, cuando plantearon la necesidad de revisar la normativa vigente para poder dar cuenta de estas insuficiencias normativas en la atención a la regulación del turismo colaborativo, en especial en atención a estandarizar las normativas fiscales aplicables a este tipo de servicio turístico pues, en cierto modo, la Ley debiera también reflejar prácticas sociales que se acaban haciendo cotidianas.

0.5.3.3 A modo de cierre: ¿Qué ocurre en el desarrollo endógeno local?

Hasta aquí he pretendido ilustrar el modo en el cual una mayor complejización de las relaciones entre los actores de diversos sectores económicos redunda en la generación de nuevas sinergias locales y pueden ayudar a dar cuenta de las vocaciones y potencialidades locales.
He ilustrado, además, cómo el turismo, en tanto que sistema, no sólo interactúa con sus componentes sino que construye relaciones y externalidades con componentes de otros sectores de la economía, en el proceso natural de dinamización. Mostramos además, cómo dentro del sistema de turismo, estas relaciones con componentes de otros sectores económicos, pero no exclusivamente económicos, permite configurar factores habilitantes, potenciadores, promotores y operativos dentro del sector turismo.
En un espacio en el cual la búsqueda del enriquecimiento local por la vía de considerar potencialidades, vocaciones y capacidades como punto de arranque de la construcción de estrategias de desarrollo controlado desde lo local, una complejización de las relaciones económicas entre distintos sectores de producción resulta un paso no sólo necesario sino casi de carácter imperativo.
Sin embargo, parece emerger con fuerza y de modo determinante en este contexto, la capacidad de identificar los comunes políticos esbozados arriba, como factor de impacto en la configuración de estas relaciones entre actores, tareas y acciones productivas. De tal suerte que son estos comunes políticos los que en última instancia acabarán por determinar la resiliencia que las nuevas opciones de servicios turísticos de carácter colaborativo puedan ofrecer frente a los ajustes económicos, normativos y sociales que puedan ocurrir tras su emergencia.
Puede verse entonces, que separar la idea de lo que se es como colectivo, del conocimiento popular, garante de acceso abierto y libre a todo un bagaje histórico, etnográfico y de prácticas comunes es, quizás, la mejor forma en que un colectivo puede llegar a tener poco o nulo conocimiento sobre sus propias capacidades y potencialidades, y más propio de una economía del conocimiento. El desprecio por el conocimiento de origen popular es mucho más frecuente en zonas urbanas, pues, entre otras cosas, allí pareciera prevalecer una idea progresista del desarrollo, sustentada en la búsqueda de riqueza, uso instrumental de saberes y artefactos, y la adquisición y uso casi irreflexivo de tecnología. En esos contextos, el deslinde de lo comunitario, lo del pueblo, resulta un hecho naturalizado.
El uso de las tecnologías de información y comunicación como factor habilitante de las transacciones acordadas y valoradas entre pares, sin duda juega un papel determinante, pero no hay que perder de vista que, pese a la penetración notoria de internet en cuanto a número de suscriptores en nuestro país, aún queda por resolver aspectos relativos a los usos y distribución espacial del servicio, lo cual afecta también de modo directo a la difusión de su aplicación a servicios turísticos como los descritos. La transición de una economía del conocimiento en el contexto del turismo, hacia una economía social del conocimiento en el sector que, además, pueda verse favorecida por experiencias como la del turismo colaborativo, supone algunos procesos adicionales que la mera disposición de internet como vehículo de divulgación de ofertas y destinos turísticos.